Mayo 2, 2012
Las seis opciones de la diplomacia española en Argentina y Ecuador

Los protagonistas de ‘Sí, ministro’: el secretario privado Bernard Wooley (Derek Fowlds), el subsecretario Humprhey Appleby (Niguel Hawthorne) y el ministro Jim Hacker (Paul Eddington).

Las seis opciones de la diplomacia española en Argentina y Ecuador después de las expropiaciones, según la serie de la BBC Sí, ministro, en su segundo episodio (La visita oficial).

Jim Hacker: Humphrey, ¿crees que sería una buena idea emitir un comunicado?

Sir Humphrey: Ministro, a efectos prácticos, tenemos las seis opciones habituales:
Una, no hacer nada.
Dos, emitir un comunicado lamentando la situación.
Tres, presentar una protesta formal.
Cuatro, cortar la ayuda.
Cinco, romper relaciones diplomáticas.
Y seis, declarar la guerra.

Jim Hacker: ¿Y cuál adoptamos?

Sir Humphrey: Bueno, si no hacemos nada, significa que implícitamente estamos de acuerdo.
Si emitimos un comunicado, pareceremos tontos.
Si presentamos una protesta, será ignorada.
No podemos cortar la ayuda porque no damos ninguna.
Si rompemos las relaciones diplomáticas, no podemos negociar contratos petroleros.
Y si les declaramos la guerra puede parecer que estamos exagerando. 

Enero 8, 2012
Leído: “The Sense of an Ending”, de Julian Barnes

Hace ya unos cuantos años que descubrí a Julian Barnes, como mucha gente, con El loro de Flaubert. Después llegaron, al menos para mí, Antes de conocernos e Inglaterra, Inglaterra, pero con el que más disfruté fue con Una historia del mundo en diez capítulos y medio, en el que Barnes deposita esa mirada llena de melancolìa y humor sobre una serie de temas unidos, más o menos, por el mar y el naufragio real o posible: el Diluvio Universal, La balsa de ‘La Medusa’, el viaje del St. Louis.

Portada del libroThe sense of an ending (Jonathan Cape, 2011, Anagrama lo publicará en español el próximo otoño) es la novela con la que Barnes ha ganado el premio Booker. No es larga (unas 150 páginas) y es, como decía la presidenta del jurado, Stella Rimington, una espía convertida en escritora, “un libro muy legible”.

El comienzo de la trama es relativamente sencillo, tres amigos de un colegio, un cuarto que se incorpora al grupo, sus relaciones con las mujeres, el final de la infancia, las pequeñas o grandes traiciones que se producen…

Pero sobre todo, Barnes reflexiona sobre dos elementos. El primerio es la memoria y su capacidad para configurar la historia (no solo la gran historia, sino también la personal):

“Aún leo un montón de historia, y por supuesto he seguido toda la historia oficial que ha sucedido durante mi propia vida; —la caída del Comunismo, la señora Thatcher, el 11-S, el calentamiento global— con la mezcla normal de miedo, ansiedad y cauto optimismo. Pero nunca he sentido lo mismo sobre esa historia —no he confiado en ella— como sobre la de Grecia y Roma, o el Imperio Británico, o la Revolución Rusa. Tal vez simplemente me siento más seguro con la historia sobre la que hay más o menos un acuerdo. O tal vez es la misma paradoja de nuevo: la historia que que ocurre bajo nuestras narices debería ser la más clara y en realidad es la más escurridiza. Vivimos en el tiempo, nos ata y nos define, y se supone que el tiempo mide la historia, ¿no? Pero si no podemos entender el tiempo, no podemos comprender sus misterios de paso y progreso, ¿qué oportunidad tenemos con la historia, incluso con nuestro pedazo, pequeño, personal y en buena medida indocumentado”.

El segundo elemento sobre el que gira el libro es el de que las palabras no son inocentes, y que aquello que decimos, aunque sea en un momento de ira o confusión tiene sus consecuencias.

“Por supuesto, no creo —no creía— en las maldiciones. Es decir, que palabras que producen acontecimientos. Pero la mera acción de nombrar algo que finalmente sucede —de desear un mal específico, y que ese mal termine ocurriendo— todavía produce un escalofrío de ultratumba. El hecho de que el joven yo que maldijo y el viejo yo que observó el resultado de la maldición tuvieran sentimientos distintos —eso era monstruosamente irrelevante”.

Agosto 1, 2011
Calor en Pamplona

Calor en Pamplona

Febrero 5, 2011
El decálogo de Fernando Ampuero, cuentista

El decálogo del escritor Fernando Ampuero para la revista Eñe. En el punto número 8:

Nunca olvido que el primer decálogo de la Historia lo escribió Moisés. Los Diez Mandamientos, considerados útiles reglas morales para vivir en sociedad, tienen un excelente uso literario. El escritor, al contar sus historias, debería hacer que sus personajes violen constantemente estos mandamientos, en conjunto o por partes. Mientras alguien robe, mate, mienta, fornique, blasfeme o desee a la mujer del prójimo tendremos un conflicto y en consecuencia una historia que contar. Por el contrario, si sus personajes se portan bien, no sucederá nada: todo será aburridísimo.

Febrero 4, 2011
Qué hacer en caso de secuestro, según el KGB

Porque uno nunca sabe a qué puede estar expuesto, el KGB (o, para ser más precisos, su heredero, el Servicio Federal de Seguridad ruso), publicó en 2004 una serie de consejos en caso de que uno sea objeto de un secuestro. El texto no lo dice con claridad, pero quien lo escribió está pensando en un caso de captura colectiva de rehenes a manos de terroristas chechenos, como las de la escuela de Beslán o el teatro Dubrovka de Moscú.

En cualquier caso, casi nada de lo que dicen es muy tranquilizador. Lo primero que sugieren es que, si es posible, “debe abandonar el lugar del supuesto secuestro”, y que “si no ve a un secuestrador y no hay posibilidad de captura, no se quede quieto”.

“Tiene que hacerse a la idea de que no será liberado de inmediato, y prepararse psicológicamente para una larga estancia con los secuestradores”, añade. “Si está junto a los terroristas, necesitará establecer algo en común psicológicamente con los secuestradores. En ningún caso llore ni grite para expresar su indignación, ya que los terroristas están a menudo bajo la influencia de las drogas y, en general, están muy alterados”, indica el texto.

Más ideas reconfortantes: “Debe hacerse a la idea de que durante mucho tiempo estará privado de agua, comida y posible movimiento, por lo que necesita ahorrar energía. Si hay poco aire en la habitación, muévase poco para economizar oxígeno. Si le prohíben moverse por el edificio, necesitará hacer algunos ejercicios sencillos. Simplemente contraiga los músculos de los brazos, las pieras y la espalda por si es necesario moverse. Además, haga ejercicios mentales, para no abandonarse y no perder el control psicológico. Recuerde fragmentos de libros, resuelva problemas matemáticos, y si sabe rezar, rece”.

Otro de los fragmentos está dedicado a qué hacer en caso de un asalto. Lo primero que hay que hacer es apartarse de puertas y ventanas. Ah, y también de los terroristas “porque nuestros francotiradores les dispararán”. Al final, la recomendación es la misma que la que se hace a un corredor caído en el encierro: “Si oye granadas de luz y sonido, o siente un olor acre de humo, tírese al suelo, cierre los ojos, no se los frote, cúbrase la cabeza con las manos y espere a que los agentes de las unidades especiales le saquen del edificio”.

Por supuesto, este post sería imposible sin el traductor de Google. Aquí va el original, aquí la traducción al español y aquí la traducción al inglés, que es bastante mejor.

Febrero 1, 2011
Leído: “El cementerio de Praga”, de Umberto Eco

Old Jewish Cemetery, Prague, Czech Republic

“Los grandes intereses son siempre causa de grandes falsificaciones”. Julio Caro Baroja afirmaba esto en la introducción de Las falsificaciones de la historia (en relación con la de España), un repaso a los textos falsos, desde los plomos del Sacromonte granadino al falso Beroso. El sabio de Itzea añadía: “Es claro que en bastantes casos los intereses económicos y los piadosos se cruzan. La fe “sirve” a una catedral, a un monasterio, a una iglesia. También el patriotismo se puede poner en explotación. No quisiera, sin embargo, como lo repetiré al final, que de esta obra se sacara la impresión de que el hecho de falsificar se deba a puros intereses materiales y a malignidad individual. Si fuera sí, sería algo aburrido, sin interés. Su complejidad es lo que creo que lo hace curioso y a veces fascinante”. 

Umberto Eco parece haber leído a Caro Baroja para escribir El cementerio de Praga (Lumen, 609 páginas, 23,90 euros), ya que en su libro novela el camino que condujo a una de las falsificaciones más famosas del siglo XX: Los protocolos de los sabios de Sión. Este panfleto, creado por la policía secreta rusa a principios del siglo XX, ha circulado de forma abundante, a pesar de que ya en 1921 The Times demostró en tres artículos que era una falsificación y que estaba inspirado por el Diálogo en los infiernos entre Maquiavelo y Montesquieu (aquí hay una edición belga de 1864 en Google Books) de Maurice Joly, quien, a su vez, parecía inspirado por una obra prohibida de Eugene Sue y cuyos protagonistas no eran los judíos, sino los jesuitas. 

Su omnipresencia era tal que todavía en los años 80 un panfleto anticomunista que se podía comprar en Pamplona todavía dedicaba un artículo a intentar demostrar su veracidad.

El protagonista demediado del libro de Umberto Eco, en cualquier caso, sí responde al estereotipo de falsificador que se mueve por dinero, de manera esencial, y sólo ocasionalmente por defender sus convicciones. El capitán Simonini, que a veces trabaja por lo civil, otras por lo político y otras por lo esotérico es la pieza principal en una serie de documentos apócrifos que le llevan desde la unificación italiana a los manejos de la Ojrana, pasando por las maquinaciones y rectificación de Léo Taxil. El libro tiene un espíritu no disimulado de folletín, aunque las referencias al psicoanálisis le dan en ocasiones un aire de película de Hitchcock.

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En la fotografía de Emmanuel Dyan, el cementerio judío de Praga.

Enero 17, 2011
Craigslist 1.0 John S Lens, Ina’s 1935 Film, No Flash, Taken with Hipstamatic

Craigslist 1.0

John S Lens, Ina’s 1935 Film, No Flash, Taken with Hipstamatic

Enero 9, 2011
Cables cruzados (1): de Colin Firth al Congreso de Viena

El discurso del Rey tiene muchas virtudes; no es la menor contar, aunque sea levemente, cómo se tambaleó la monarquía inglesa en 1936. La muerte de Jorge V (el 20 de enero se cumplirán 75 años) propició el ascenso al trono de su hijo, Eduardo VII, cuya relación con la divorciada estadounidense Wallis Simpson le llevó a dimitir cuando llevaba menos de un año en el trono.

La muerte de Jorge V aparece en el primer capítulo del especial de Arriba y abajo que emitió la BBC estas navidades, en el que también aparece la señora Simpson y su amigo Joachim von Ribbentrop, un vendedor de champán que ascendió con el nazismo hasta el puesto de embajador en Londres y, más adelante, se convirtió en ministro de Asuntos Exteriores. (Por cierto, el coqueteo de algunos aristócratas ingleses con el nazismo también aparece en Los restos del día, la novela de Kazuo Ishiguro que se retituló Lo que queda del día después del estreno de la película protagonizada por Anthony Hopkins y Emma Thompson).

Dentro de su pasión por las series de época (y por Jane Austen), la BBC emitió en 2009 Emma, una comedia protagonizada por Romola Garai y Jonny Lee Miller (el malvado Jordan Chase de la quinta temporada de Dexter). El baile que se celebra está marcado por danzas populares (aunque en realidad está compuestas por Samuel Sim para la película).

Ese gusto de la aristocracia inglesa por las danzas populares no era compartido en el resto de Europa. Cuando Austen publicó Emma, en 1815, acababa de comenzar el Congreso de Viena. El banquero suizo Jean-Gabriel Eynard creía que “su separación del Contienente durante veinte años [por las guerras napoleónicas] los ha convertido en salvajes”. En su libro Rites of peace, el historiador Adam Zamoyski recuerda que también se criticaba el vestuario de las damas inglesas, considerado “ridículo” o las habilidades como bailarín del ministro de exteriores Castlereagh. “Todavía recuerdo la hilaridad [que causó] un vals que el primer embajador de Gran Bretaña ejecutó de la foma más grotesca”, escribió la princesa rumana Roksandra Sturdza. “Pero él, como muchos de los otros ingleses en Viena —escribe Zamoyski— prefería a menudo varias danzas campesinas de su tierra, o los reels escoceses, y otro observador se maravilló de ver a Castlereagh, totalmente concentrado, “con ese gran cuerpo, bailar una giga y levantar rítmicamente sus largas y delgadas piernas”.

Enero 7, 2011
Rebajas 2John S Lens, BlacKeys B+W Film, No Flash, Taken with Hipstamatic

Rebajas 2

John S Lens, BlacKeys B+W Film, No Flash, Taken with Hipstamatic

Enero 7, 2011
Rebajas 1Kaimal Mark II Lens, BlacKeys B+W Film, No Flash, Taken with Hipstamatic

Rebajas 1

Kaimal Mark II Lens, BlacKeys B+W Film, No Flash, Taken with Hipstamatic