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Leída: ‘Morir bajo tu cielo’, aventuras, nobleza y antimodernismo en una novela entretenida

Morir bajo tu cielo

Juan Manuel de Prada es un escritor que ocupa un espacio que se podría definir al menos como singular dentro de la cultura española: es el único escritor que hace de su fe católica un elemento esencial de su postura pública.

Para su última novela, Morir bajo tu cielo, De Prada ha elegido el momento en que España pierde Filipinas a manos de Estados Unidos, y el episodio más famoso de esa breve guerra: el sitio de la iglesia de Baler. Durante 337 días, entre el 28 de septiembre de 1898 y el 2 de junio de 1899, un destacamento de cincuenta soldados españoles se hizo fuerte en la iglesia de la localidad, hoy de 29.000 habitantes. A pesar de las penalidades y de las bajas sufridas, más por las enfermedades que por el enemigo, mantuvieron la posición mucho tiempo después de que la guerra se hubiera perdido en la práctica, tras la batalla de Manila, que terminó el 13 de agosto de 1898, y de que se hubiera firmado el tratado de París, el 10 de diciembre, por el que España entregaba las Filipinas a Estados Unidos.

De Prada cuenta (mejor, novela), la historia de un grupo de personajes que estuvieron, o que pudieron estar, en Baler: los oficiales, varios soldados, un fraile, una religiosa, algunos insurrectos, un traficante de armas. De hecho, tres cuartas partes del libro están dedicadas a llevar a estos personajes hasta Baler, a contar, con mucha solidez, sus vidas y sus motivaciones.

Morir bajo tu cielo tiene un grado razonable de melodrama, y de novela de aventuras, que, junto al lenguaje utilizado, contribuyen a darle un tono añejo. Sin embargo, también hay una parte en la que el libro funciona como una metáfora de los problemas actuales de España, desde el independentismo a la desconfianza hacia los gobiernos, y se queja del “sustrato de resentimiento que funda el orden político moderno”. El vocabulario (que es exigente con el lector, y no sólo por el uso de términos propios de las Filipinas) y la propia estructura del libro llevan al tiempo en que está ambientada la novela. El humor salpica la novela, y proporciona algunas imágenes brillantes, como la de las inglesitas que tienen “una fealdad de congrio hervido”. En muchas ocasiones, el lenguaje que utiliza el narrador tiene un aire a encíclica de denuncia de los errores del modernismo (en el sentido técnico que tiene el término en historia de la religión) pero, probablemente, eso no hace más que darle verosimilitud a la novela, que, en su mezcla de géneros, es entretenida a lo largo de sus casi 750 páginas, incluso a pesar de que el final de la historia es conocido.

Es evidente que De Prada dedica “especial atención a la defensa de la fe contra los peligros modernos” (la frase se refiere a León XIII en el Manual de historia eclesiástica de Llorca, pero vale para el novelista). Y tal vez lo que más se le pueda reprochar es que cómo roza, en muchos casos, la caricatura, cuando retrata a masones o liberales, mientras que en el lado de lo que podríamos llamar la tradición, aunque no faltan personajes venales o cobardes, están todos los personajes nobles.

[Ser noble] consiste en sentir la vida con honor, en ser capaz de dar las cosas que nadie nos obliga a dar y en abstenerse de otras que nadie prohíbe; y en saber cada instante las razones por las que uno puede o debe morir.

Siempre hay excepciones. Novicio, el líder de los sitiadores, es masón e independentista, pero noble, aunque su nobleza parece venir del contacto con la religión (y, más específicamente, con sor Lucía, esa religiosa algo montaraz con la que Novicio y el capitán De las Morenas componen un triángulo platónico). Es, probablemente, ese contacto con la gracia contra el que se rebela uno de los personajes más interesantes de la novela, el holandés Rutger van Houten. Es un traficante de armas que encarna el mal y al que, sin embargo, le ha atribuido una perversión sexual que no está exenta de una cierta dulzura.

La historia del sitio de Baler fue reflejada en la película de 1946 Los últimos de Filipinas, de la que quedó en la memoria colectiva la habanera Yo te diré que canta Nani Fernández.

El cine filipino también dedicó a la historia una película, Baler, en el año 2008. Curiosamente comienza, como la novela, con el asalto a machetazos a la guarnición de la ciudad un año antes del sitio más conocido.

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