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Leído: ‘Cervantes: los años de Argel’, o el escritor como héroe de acción

Argel, reconstrucción del baño del Rey. Aguafuerte de Vallejo. Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra. Luis Astrana Marín. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Cuatro años después de participar en la batalla de Lepanto, “la más grande ocasión que vieron los siglos”, Miguel de Cervantes, herido en la mano en el combate, regresaba a España en la galera Sol. El 26 de septiembre de 1575, frente a las costas catalanas, el corsario Dali Mami asaltaba el buque español y se hacía, entre otros prisioneros, con Cervantes y su hermano Rodrigo. Comenzaban entonces Los años de Argel que narra Isabel Soler en un libro publicado por Acantilado.

El breve volumen (que supera por poco las 100 páginas de texto, a las que hay que añadir la bibliografía), está dividido en dos partes casi iguales. En la primera, la autora, esboza la vida de Cervantes hasta ese momento, para recordar que, a los 33 años que tiene entonces, “no es el autor del Quijote, es el arcabucero de Lepanto, es el preso de Argel”, y traza un panorama de las circunstancias de la capital corsaria a finales del siglo XVI.

Sí, Argel era un campo de prisioneros y esclavos, y también era un enorme negocio de compraventa de seres humanos. Argel se había convertido en la mayor ciudad corsaria del Mediterráneo, ya integrada en la política militar expansionista otomana bajo el gobierno de los Barbarroja, en las primeras décadas del siglo XVI.

Soler cuenta cómo vivían los esclavos, con una libertad de movimientos que nos resulta extraña y que no es más que una demostración de la debilidad de las estructuras estatales de aquellos tiempos. Los cautivos de quienes se esperaba un rescate, como era el caso del propio Cervantes (quien, al llevar cartas de recomendación de Juan de Austria, parecía una persona más principal que lo que era), tenían que conseguir por sí mismos su manutención, y en ocasiones debían endeudarse para poder comer. Los castigos que podían sufrir quienes intentaban huir o se oponían a los designios de sus amos eran crueles, y empezaban por perder las orejas o las narices y terminaban por morir empalados o enganchados.

El libro también dedica unas páginas a la tarea de las órdenes redentoras y su complejo funcionamiento.

El redentor general había de ser alguien con capacidad política y diplomática, y asimismo competente en los sistemas de transacción comercial (precios, cambios monedas, quilates, gramajes…) y todo ello en diferentes lenguas.

La segunda parte del libro, y la que le da razón, es la Información de Argel (puede leerse íntegra en la Biblioteca Virtual Cervantes). Se trata de un documento notarial en el que Cervantes busca el apoyo de testigos para dar cuenta de “los servicios y padecimientos prestados y sufridos” por el escritor mientras se encontraba preso. Soler lo reordena en función de las preguntas, y no de los testigos, como es el original, para facilitar la lectura.

Es fácil y tentador abandonarse al anacronismo de imaginarse a Miguel de Cervantes como un oficial aliado que intenta escaparse de un campo de concentración nazi, al estilo de La gran evasión o Traidor en el infierno. (La idea no es muy original. Mainer cuenta que Carlos Barral y Jaime Gil de Biedma se imaginaban a Garcilaso de la Vega como “un oficial de la RAF bebiendo whisky en el bar de la base”).

Pero lo cierto es que la segunda parte del libro puede leerse como una novela de aventuras. Cervantes organiza dos grandes intentos fallidos de huida. En el primero, esconde en una cueva a “catorce cristianos de los principales que entonces había en Argel cautivos” y les provee de alimentos, mientras apalabra que una fragata fuera a recogerlos. Durante seis meses, Cervantes se encarga de suministrar alimentos a los fugados, lo que le puso en “manifiesto peligro de una cruel muerte”. En el último momento, los tripulantes de la fragata no se arriesga a tomar tierra y deja a su suerte a los cautivos.

El segundo intento de evasión llega cuando intenta aparejar otra fragata para que se escapen 60 cautivos cristianos. En esta ocasión, un traidor desvela sus planes al rey de Argel.Es precisamente contra la versión que este traidor pueda dar de la vida de Cervantes en Argel para lo que el escritor recopila la Información de Argel.

En los dos casos, Cervantes asume toda la responsabilidad ante las autoridades, y se niega a revelar los nombres de sus compañeros de aventura, a pesar de que le amenazan con grandes tormentos.

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